Consejos de Familia
La Incertidumbre del Mañana PDF Imprimir E-Mail


Anoche me desperté a las 4:30 de la mañana. Mi mente no dejaba de dar vueltas. Pensé en mis dos hijas ya casadas. ¿Durarán sus matrimonios? ¿Serán felices? ¿Tendrán el suficiente dinero para disfrutar la vida? Los requisitos para la vida actual son tan diferentes de cuando tenía 20 años. Ahora ellos tienen vehículos que están controlados por computadoras. ¿Cómo puede alguien reparar un auto hoy en día? No sólo tienen una computadora, sino también sus sitios propios en el Internet. Ya no escriben muchas cartas de ésas que se llevan al correo – tienen planes para sus celulares con un número ilimitado de minutos (¡pero nada es gratis!) Chatean por la computadora con una cámara para que puedan verse el uno al otro en la pantalla. El Internet de alta velocidad con cables de fibra óptica lleva mensajes telefónicos de un extremo del mundo al otro en milésimas de segundo. La comida viene en paquetes para microondas. Las curaciones hechas con ajo o hierbas son tradiciones obsoletas. Se pueden encontrar drogas altamente dañinas en cualquier parte – incluso en nuestros propios botiquines. Una guerra aparentemente incurable ocurre en el Medio Oriente. Hay más países que fabrican armas nucleares y otras armas de destrucción masiva. Mis dos hijas están esperando familia. ¿Qué clase de mundo tendrían que enfrentar mis nietos? La Iglesia Internacional de Cochabamba ha sobrepasado la capacidad del salón que alquila y cada domingo sigue llegando gente nueva. ¿Dónde podremos construir? ¿Será una buena idea hacer una inversión grande? Mis hijos navegan en el Internet todo el tiempo. ¿Serán atrapados por la pornografía? Conocerán a alguien, - algún depredador – al chatear en el Internet que les hará daño?

Hace 10 años un periódico de EE.UU. hizo una encuesta sobre los temores. 54% tenían “mucho miedo” de sufrir un accidente automovilístico; 53% de tener cáncer; 49% de no tener suficiente dinero para su jubilación; 36% de comer carne contaminada; 35% de contraer la enfermedad de Alzheimer; 33% de ser víctima de violencia personal; 32% de no poder pagar sus deudas; 28% de contraer SIDA…

¿Sabemos lo que nos depara el futuro? ¿Nuestros temores sobre el futuro controlan nuestras acciones de hoy? Norman Vicent Peale dijo, “El miedo es una conglomeración de sombras siniestras, y una sombra no tiene sustancia.” Jesús dijo, “No se preocupen por el mañana, porque mañana habrá tiempo para preocuparse. Cada día tiene bastante con sus propios problemas.”

Una vez me levanté de cama, me duché y desayuné, las preocupaciones que tuve en la noche se desvanecieron – pero, ¿cuánto sueño perdí? ¡Vivamos el presente de la mejor manera posible!

Nadie es perfecto – ni lo son nuestros matrimonios. Al trabajar juntos para mantener nuestro amor y un matrimonio fuerte, nuestros hogares se convertirán en el ambiente perfecto para criar a niños felices.

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El Contentamiento PDF Imprimir E-Mail

 

Si usted se parece en algo a mí, usted espera con ansias el porvenir – el próximo sueldo, el próximo año, el próximo asenso, el próximo nivel alcanzado en la producción de proyectos. Dos de mis hijas me han desafiado y frustrado al mismo tiempo. Para ellas, su vida es el momento. Una flor capta toda su atención y su imaginación. Están contentas con el momento. ¿Cómo les podemos enseñar a nuestros hijos el valor de ambas cosas?

Existe un libro corto casi al final del Antiguo Testamento – el libro de Hageo. La nación de Israel había sido llevada cautiva por los babilonios y sobrevivió al Imperio Medo-Persa (que hoy en día es Irán). Algunos de los israelitas pudieron retornar a Israel y reconstruir sus casas. Esperaban reconstruir su nación. Planificaron muy bien para el futuro – una acción digna de admiración. Por medio del profeta Hageo, Dios les dice algo profundo. “¡Consideren cómo les va! Plantaron pero cosecharon poco. Tienen comida para comer, pero no se sacian. Tienen vino para beber, pero no satisfacen su sed. Tienen ropa que llevar, pero no se calientan. Sus sueldos desaparecen como si los pusieran en bolsillos con agujeros.” Dios podría decirnos esto a usted y a mí hoy en día.

Si no les enseñamos a nuestros hijos a pensar en el futuro, esto no los llevará a ningún lado. No queremos que eso ocurra. Creo que la mayoría de nosotros como padres queremos que nuestros hijos tengan una vida mejor de la que tuvimos nosotros. Incentivamos a nuestros hijos para que tengan buenas notas en el colegio, en los deportes, en las relaciones interpersonales. Incluso esperamos que nuestros hijos lleguen a hacer cosas con las que nosotros sólo habíamos soñado.

Dios les decía a los israelitas (por medio de Hageo) que estaban trabajando fuerte, ganando dinero, cuidando sus necesidades físicas, pero se ignoraba una necesidad importante. El Templo no había sido reconstruido. En todo su esfuerzo futurista, la condición actual de sus corazones era considerada insignificante. Necesitaban equilibrio.

¿Qué les estamos enseñando a nuestros hijos? ¿Es todo sobre el futuro? ¿O nos detenemos a escucharlos cuando han sido heridos, a darles un abrazo cuando han sido derrotados, a decir “te amo” cuando salen a jugar con sus amigos? Nuestros hijos aprenden de nosotros. ¿Existe un equilibrio entre la planificación para el futuro y el contentamiento con lo que tenemos hoy?

Nadie es perfecto – ni lo son nuestros matrimonios. Al trabajar juntos para mantener nuestro amor y un matrimonio fuerte, nuestros hogares se convertirán en el ambiente perfecto para criar a niños felices.

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Muerte PDF Imprimir E-Mail


La muerte se da en cada familia. Es una cita que nunca aparece en nuestras agendas, pero es más segura que el matrimonio o el tener hijos. ¿Cómo preparamos a nuestros hijos para que enfrenten esta cita inevitable con la eternidad?

He hablado con un amigo que está viviendo los últimos días que le quedan de vida. Tengo un amigo cuyo hermano está muriendo. Incluso nuestra perrita de 9 años sufre de artritis y nos preguntamos cuánto tiempo más le queda de vida. En el capítulo 1 del evangelio de San Mateo vemos que hubo 43 generaciones entre Abraham y José, el padre terrenal de Jesús. Seguramente el niño Jesús tuvo que enfrentar la muerte de su abuelo Jacob. Su primo, Juan el Bautista, fue brutalmente decapitado. Su amigo Lázaro murió. Jesús incluso sabía que la razón por la que vino a la tierra fue para que muriera cruelmente como un sacrificio para pagar la pena de pecados que él jamás cometió – ¡Los de usted y los míos!
¿Cómo enfrentó Jesús la muerte? ¿Puede Él enseñarnos actitudes sabias que posteriormente se las pasemos a nuestros hijos?

Cuando el amigo de Jesús, Lázaro murió, leemos que se encontró con las hermanas de Lázaro: María y Marta, para consolarlas. ¿Cómo las consoló? Las visitó, las escuchó e hizo algo para suplir sus necesidades. Les mencioné que un amigo mío está muriendo. Tengo otra amiga que lo conoce también, Phoebe. Ella ha pasado horas y horas a lado de su cama en el hospital y en su casa. Contrató empleadas y enfermeras. Organizó visitas de otros amigos para cantarle canciones, leerle la Biblia, orar por él y amarlo. De eso se trata el visitar, escuchar y actuar.

Cuando los discípulos de Jesús estaban devastados porque Jesús les dijo que moriría pronto, Él les dio esperanza. Aquellos que creen en Jesús como su Salvador y Señor tienen esta misma esperanza. Es por la muerte de Cristo que tenemos esta esperanza. En el Evangelio de San Juan, capítulo 14 leemos que Jesús es el único camino a la eternidad en el cielo donde se están preparando hogares para nosotros en este mismo instante. ¿Saben nuestros hijos de esta esperanza en la cual podemos decir junto al Apóstol Pablo, “Dónde está, OH muerte tu aguijón; dónde OH sepulcro tu victoria”? Robert Bruce, el gran rey y guerrero escocés que luchó por la libertad de su patria, reunió a toda su familia y en su lecho de muerte dijo: “Ahora, que Dios esté con ustedes, mis queridos hijos. He desayunado con ustedes y cenaré con mi Señor Jesucristo.”

¿Saben nuestros hijos servir a los que van camino a la muerte? ¿Percibimos la vida y la muerte de la manera como Jesús se la enseñó a sus discípulos?

Nadie es perfecto – ni lo son nuestros matrimonios. Al trabajar juntos para mantener nuestro amor y un matrimonio fuerte, nuestros hogares se convertirán en el ambiente perfecto para criar a niños felices.

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Dar y Recibir PDF Imprimir E-Mail

 

Para la mayoría de nosotros, la época de navidad es para dar y recibir regalos. Es un tiempo en el que las familias se reúnen y el amor cubre nuestras vidas. Los niños gritan de gozo al abrir los regalos, abrazan a sus abuelos, tíos, tías y primos. Comemos demasiado de aquellas cosas que nos gustan. Los padres buscan el regalo exacto que les agradará a los que tienen en su lista. La navidad es un tiempo de gozo, felicidad y paz.

Para algunos bolivianos, la navidad es otra palabra más que se usa en la calle, en la radio o en la televisión que debe llevar un significado para otra persona. Para ellos es un día más, otra época, otro feriado – igual que cualquier otro. Se debe satisfacer el hambre. El clima cambiante y las lluvias traen resfriados y enfermedades que no les permiten trabajar. Hay madres y padres que todavía están en la cárcel. Hay casas de cartón que se desintegran sobre familias enteras.

Más de 300 de los niños más pobres de Cochabamba reciben regalos de los ministerios de la Iglesia Internacional solamente. Gente de toda Cochabamba extiende la mano y da a aquellos menos afortunados que ellos. Es tiempo de alcanzar con amor. Es tiempo de sacrificarse para que otros puedan disfrutar.

En la seguridad de nuestros hogares ¿Qué les enseñamos a nuestros hijos? ¿Ayudan ellos a dar a los pobres? ¿Ayudan a encontrar, envolver y dar regalos a sus abuelos? ¿O simplemente esperan – a veces cosas mejores de las que reciben? ¿Qué les estamos enseñando a nuestros hijos sobre la navidad? ¿Les hablamos de la razón de ser de esta época – o simplemente piensan que es un feriado occidental en el que se esperan regalos?

En ingles se dice Christmas – o “Christ’s” “mass” (la misa de Cristo.) En español se dice Navidad – el nacimiento de Cristo. ¿Sabemos del sacrificio que hizo de Dios al dejar la hermosura, la paz y el amor del cielo – para convertirse en un bebé indefenso cuyos padres tuvieron que huir para salvarle la vida? Sacrificó todos los atributos de ser Dios para convertirse en parte de la raza humana, la cual está sujeta al deterioro del universo perfecto que él creó. Estuvo dispuesto a morir con una muerte profundamente dolorosa en la cruz. ¿Pero cuál fue el regalo que nos dio que nos inspira a dar regalos hoy en día? ¡Nada menos que la vida eterna en el paraíso! ¡Nada menos que el don del Espíritu Santo para que viva en nosotros y nos ayude cada día! ¿Saben nuestros hijos esta historia de la navidad? Recordemos la verdadera historia de ‘Christmas’ – de la navidad.

Nadie es perfecto – ni lo son nuestros matrimonios. Al trabajar juntos para mantener nuestro amor y un matrimonio fuerte, nuestros hogares se convertirán en el ambiente perfecto para criar a niños felices.

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Al Dar, Recibimos!! PDF Imprimir E-Mail


San Francisco de Asís había descubierto el secreto de la felicidad cuando oró:

Oh divino Maestro, Concédeme que no busque
Ser consolado sino consolar;
Ser comprendido sino comprender;
Ser amado sino amar.
Es dando que recibimos;
Es perdonando que somos perdonados
y Es muriendo que nacemos a la vida eterna.

Billy Graham dijo una vez: “La lágrimas que se derraman por uno mismo son lágrimas de debilidad, pero las lágrimas que se derraman por el amor que se tiene por los demás son una señal de fortaleza. No soy tan sensible como debiera ser hasta poder ‘llorar por el errante y levantar al caído.’ No puedo conocer la verdadera felicidad hasta que no haya aprendido el valor de compartir con los demás con compasión su tristeza, su sufrimiento o su desgracia. Lo opuesto del amor no es el odio, es el egoísmo.”

¿Cómo son nuestros hogares? ¿Qué les estamos enseñando a nuestros hijos? Jesús nos enseña a medir nuestras vidas por lo que perdemos y no por lo que ganamos, por sacrificios, y no por la auto-conservación, por dedicar nuestro tiempo a los demás en vez de desperdiciarlo en nosotros mismos, por el amor derramado y no por el amor que recibimos. Durante mis años de estudiante universitario, cuando tenía un fin de semana libre, iba de visita a la casa de mi abuela. Tan pronto como abría la puerta, sentía el olor a Torta de Café Sueco y otras galletitas deliciosas de Suecia. Luego de un cariñoso abrazo, mi abuela tomaba rápidamente su cartera y varias bolsas llenas de deliciosas masitas e inmediatamente salíamos de prisa. Esto era algo que yo esperaba así que le abría rápidamente la puerta del auto. Con mucha emoción, ella me llevaba a las casas de algunas mujeres que no podían salir de sus hogares. Con mucho amor entraba al cuarto de una inválida, la daba un abrazo a tiempo de extenderle un pedazo de torta. Luego, me hacía leerles algunos Salmos a sus amigas. Mi abuela no podía leer muy bien en inglés, pero su amor era real.

En 1986 visité a mi familia en la parte sur de Polonia. Mi anfitrión había pasado algunos años en el Campo de Concentración de Austria. En ese momento se encontraba viviendo bajo el régimen comunista en Polonia. Durante los seis meses previos a nuestra visita, este hombre y su familia habían guardado sus raciones semanales de carne y queso de manera que pudieran servirnos, a nosotros, sus huéspedes. Me puse a llorar al ver las sonrisas en sus rostros. Pudieron tratarnos como reyes al sacrificar sus propios intereses.

¿Les enseño a mis hijos a no ser egoístas? ¿Cómo paso mi tiempo libre? ¿Pienso en mí mismo? Enseñémosles a nuestros hijos el arte de dar esta semana. Les durará toda una vida.

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